Se acercaba el cumpleaños de Karen, y conversando con algunos amigos, decidimos que sería bonito hacerle un regalo dado que además de ser su onomástico, estaba por dejar la empresa para irse a trabajar a otro lugar.
Bueno, conversándolo entre todos, alguien por ahí dijo que la cumpleañera en cuestión es una acérrima fan de Hello Kitty. "¿De quién?" dijo Móises. ¡De Hello Kitty pues! - fue la respuesta. Ahhh... es ese gato blanco ¿no? (dijo, en actitud bien "macho que se respeta"). Sí, ese mismo... "ah sí...tiene tiendas bien lindas y surtidas en Plaza San Miguel y en Larcomar" (¡saaaaaaaaoooo!... se acabó lo de macho que se respeta). ¡Jajaja!
El caso es que resolvimos comprarle como regalo un souvenir del mencionado gato, para lo cual Paloma, Kathy y yo fuimos a la tienda ubicada en Plaza San Miguel. Maldita sea, pese a ser sólo un pequeño kiosko, el rosado que emanaba por cada rincón y la desesperante cara de Hello Kitty (gato maldito, ¡¿por qué mela no tienes boca?!) eran abrumadores. Al ver tanto producto relativo a dicho dibujo, los IQ de Paloma, Kathy y mío se fueron al piso (con furia), haciendo surgir nuestras (huecas) personalidades alternas: Pamelita, Magalyta y Alfredito.
En fin...al dia siguiente, ya un poco más recuperados de la nuestra recientemente adquirida fobia a "lo rosado", había que preparar el banner, es decir, un papel inmenso que decía "Feliz cumplaños Karen" y que fue adornado con dibujitos varios de Hello Kitty. El caso es que Paloma, encargada de buscar las imágenes para dicho banner, me mostró algunas imágenes que encontró en su búsqueda, y que grafican los excesos de fanatismo a los que cierta gente llega por el felino en cuestión. En realidad, ver esto fue demasiado, si no, juzguen ustedes mismos:
Bueno, conversándolo entre todos, alguien por ahí dijo que la cumpleañera en cuestión es una acérrima fan de Hello Kitty. "¿De quién?" dijo Móises. ¡De Hello Kitty pues! - fue la respuesta. Ahhh... es ese gato blanco ¿no? (dijo, en actitud bien "macho que se respeta"). Sí, ese mismo... "ah sí...tiene tiendas bien lindas y surtidas en Plaza San Miguel y en Larcomar" (¡saaaaaaaaoooo!... se acabó lo de macho que se respeta). ¡Jajaja!
El caso es que resolvimos comprarle como regalo un souvenir del mencionado gato, para lo cual Paloma, Kathy y yo fuimos a la tienda ubicada en Plaza San Miguel. Maldita sea, pese a ser sólo un pequeño kiosko, el rosado que emanaba por cada rincón y la desesperante cara de Hello Kitty (gato maldito, ¡¿por qué mela no tienes boca?!) eran abrumadores. Al ver tanto producto relativo a dicho dibujo, los IQ de Paloma, Kathy y mío se fueron al piso (con furia), haciendo surgir nuestras (huecas) personalidades alternas: Pamelita, Magalyta y Alfredito.
En fin...al dia siguiente, ya un poco más recuperados de la nuestra recientemente adquirida fobia a "lo rosado", había que preparar el banner, es decir, un papel inmenso que decía "Feliz cumplaños Karen" y que fue adornado con dibujitos varios de Hello Kitty. El caso es que Paloma, encargada de buscar las imágenes para dicho banner, me mostró algunas imágenes que encontró en su búsqueda, y que grafican los excesos de fanatismo a los que cierta gente llega por el felino en cuestión. En realidad, ver esto fue demasiado, si no, juzguen ustedes mismos:
Pese a todo, lo importante era el agasajo a Karen, así que ¡Feliz día Karencita! Y sólo por las dos horas que me soplé viendo artículos del minino ése, hoy en el Paintball ¡fusilaremos a Karen!




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